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He aquí la formula encontrada para “hacer con que la gente piense sobre lo que la Navidad verdaderamente es”.
La leyenda dice algo así como “Pobre José. No le ha sido fácil cumplir el mandato de Dios.” Aquí se encuentra la fuente de la noticia: http://news.bbc.co.uk/2/hi/asia-pacific/8417963.stm
Allí dice “Bloddy Mary”, pero no, no te engañes. No se trata del conocido cocktail preparado a base de vodka y sumo de tomate con el que un hombre cualquiera se pudiera haber ensuciado la cara. Se trata del mismísimo flujo menstrual que, ni más ni menos, Nuestra Señora le ha vertido en la cara a un sacerdote. Sí. Así es, eso viene en los dibujitos animados que tus hijos ven en la televisión.
¿Y ahora, que pasa? Nada, como siempre...
Algunos ganan dinero haciendo eso, a otros les parece divertido, los poderes públicos hacen de cuenta que no lo ven y la agenda laicista se frota las manos y lo disfruta como nunca.
¿Y nosotros, los católicos, que hacemos? Nada, dormimos como de costumbre, pero eso sí: nos indignamos bastante.
Si fuese algo relacionado con los musulmanes puedes estar seguro de que sí, pasaría “muuucha” cosa. Y bien rapidito.
¿QUÉ SE PUEDE HACER?
Como cristianos no podemos permitirnos reaccionar con el uso de violencia, pero ¿Hay algo que se pueda hacer?
Sí, ya hemos oído sobre algo que si la gente despierta en cortísimo tiempo podría tornarse una realidad y un santo remedio (nunca mejor dicho).
Estos acosadores ya aprendieron (y es justamente de eso que se aprovechan) de que a la Iglesia como institución no le conviene defenderse legalmente por dos razones:
1) la primera es que saldría perdiendo en cualquier de los casos. Cada caso ganado en los tribunales sería utilizado por la prensa progre para incitar todavía más odios y cizaña contra “la riquísima institución” que persigue cobardemente a pobres inocentes; le sería contraproducente. En contrapartida, cada caso perdido en la justicia también sería utilizado, de esta vez como la “prueba de que los acosadores tenían razón” y que se ha hecho merecida justicia… y
2) El otro impedimento es que –distintamente al laicado católico mundial- los movimientos de militancia laicista además de muy organizados son proactivos y nos acosan a diario, si no es con una cosa es con otra y en todos los puntos de la geografía. No hay como que una única institución pudiese sustentar una guerra sucia y desigual como esa en cientos o miles de frentes simultáneamente. Además, porque por coherencia con la Doctrina no podría revidar los golpes bajos en la misma forma ofensiva tal como los recibe.
¿Que es lo que se está empezando a mover?
Nos hemos enterado de pequeños grupos locales de laicos que se están formando para actuar legal y pacíficamente como solución al progresivo asedio al cual se nos viene sometiendo a los católicos.
En resumen, hasta el presente momento lo que sabemos estar siendo orquestado es lo siguiente (y nos cuentan ya tener planes para más adelante, como un próximo paso): ya se sabe que la mayoría de los “poderosos” lobbies que andan por detrás de los legisladores y medios de comunicación en verdad no pasan de meros grupúsculos, pero que bien saben como moverse y hacer presiones. En cambio, los católicos sumamos los 1.300 millones de ciudadanos libres con derechos, que votamos y que pagamos impuestos y no le sacamos partido a toda esa fuerza. ¿Sabias cuantos eran los ateos que respaldaron aquel profesor del Reino Unido que promovió la campaña ateísta del “Dios no existe” en los autobuses? Solo algunos cientos. Los demás lobbies que nos atacan son igualmente minorías irrisorias en la populación, cuyas agendas están obteniendo éxitos extraordinarios en cortísimos plazos por culpa de nuestra indiferencia y falta de movilización.
Si en tu país ya se está haciendo legislación para liberalizar el aborto, para enseñarle “opciones alternativas de sexo” en el programa de enseñanza a tus niños, la distribución de condones y la píldora del día después a menores, el “divorcio expreso” (en verdad, una forma legal del repudio), ya hay que esconder los crucifijos pese a que las mayorías sean cristianas y otras semejantes fechorías, entonces ya sabes de que hablamos. Y si no, no pierdes por esperar…
¿Qué podemos los ciudadanos “de a pié”, como tú y nosotros? Es muy simples: basta con empezar a hablar con nuestros amigos para formar un grupo más en nuestra ciudad, barrio, parroquia…
La unión hace la fuerza (y no olvides, ¡somos 1.300 millones!). El primer paso es formar asociaciones que no nos costarán casi nada pero que pueden mover las acciones legales que correspondan adonde compita, adonde nuestra Iglesia no lo puede hacer como institución por las razones ya explicadas. (Algunas de esas asociaciones ya están empezando a tomar cuerpo y dentro de poco ya no serán tan pequeñas.
Sabemos de una que ya tiene planes de exigirle a los partidos políticos que definan su programa para conocer su posición frente a los valores morales antes de que lleguen las próximas elecciones, fantástico. Una ventaja adicional).
Cuando llegue el momento, una federación de esas asociaciones podrá llevar las acusaciones falsas de un New York Times o una BBC a los tribunales. ¿No ganan bastante dinero los del “South Park” ofendiéndonos gratuitamente con sus sacrilegios hacia la Virgen María? Hacerles pagar pesadas indemnizaciones además de terminar con su impunidad puede ser una fuente adicional de ayuda para las innumeras obras de caridad de la Iglesia.
La otra opción es permanecer durmientes y sin hacer nada, hasta que el acoso se siga incrementando hasta llegar a la persecución, cuando entonces ya será demasiado tarde para reaccionar.
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