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El Santo Padre, la persona más atacada del planeta.
 
 

 Resulta divertidísimo observar como es que a cada elección de un nuevo Papa un significativo sector de la prensa internacional reacciona.

El paso inicial es escudriñar e ir juntando en un mismo saco todo lo que consigan relacionar con la Iglesia, el Vaticano, obispos, terminología eclesiástica, escándalos en el clero, los dogmas, reglas de órdenes, santos, conceptos equivocadamente tomados de otras religiones, vestimentas, liturgia, teología, papas predecesores y un interminable etc.

El segundo paso es convertirse en un “especialistas” en la materia, tarea que es llevada a cabo diligentemente en los pocos días que van desde el transito de un pontífice hasta la elección de su sucesor.

¿Sus fuentes? Eso es lo de menos. Pueden ser las más variadas; periódicos antiguos (de preferencia de elecciones papales previas), entrevistas a religiosos y laicos que iban pasando por la Plaza San Pedro, libros y revistas, opiniones de colegas comentaristas, blogs y artículos en Internet etc.

Ya habiendo, entonces, conquistado su estatus de “especialistas en asuntos papales”, ahora el tercer paso es someter al saco de la mezcolanza al análisis, interpretación, una “exegesis propia”, conclusiones y tesis que serán desarrolladas en un tiempo record, simultáneamente, en el curso de su misma publicación.

Cumple notar que pese a su falta total de formación en la esfera eclesial y el desconocimiento de los misterios que son la causa y el origen mismo de cada una de las cosas que tienen enchufadas a su mezcolanza, no abrirán mano de su nueva condición de especialista, y proclamarán sus opiniones como el resultado de una gran “erudición”.

Lo curioso es que esas noticias son siempre predecibles en su mayor parte. No porque sean verdades eternas, sino porque obedecerán a sus líneas editoriales con el propósito de imponerle su ideario y puntos de vista al público ávido de noticias.

No importa quien venga a ser cada uno de los futuros papas; ya sabemos que para esa prensa seguramente serán todos retrógrados y malos porque no estarán dispuestos a violar los Sacramentos, a la Tradición o las Escrituras, con el fin de introducir en la Iglesia cambios que se ajustasen a lo que las distintas líneas editoriales determinaron lo que es (o que incumbe ser)  la voluntad popular.

Según ellos los buenos habrían sido -sin duda- los vanguardistas que perdieron las elecciones; aquellos que iban a aprobar el uso de condones, la ordenación de mujeres, el matrimonio de sacerdotes, ordenación de gays (mientras que todos los demás tienen que ser célibes), matrimonios homosexuales (la combinación de estas dos ultimas posibilidades generaría una tercera, el matrimonio entre los sacerdotes), las teologías de Leonardo Boff, Jon Sobrino o Roger Haight, negar la divinidad de Jesús o la negación de que la vida tenga su comienzo en la concepción y su fin con la muerte natural.

No quisiera extenderme en este último tópico, pero quiero expresar mi punto de vista personal a ese respecto relatando un par de casos anecdóticos: a un vecino que me había comentado que no venia a la Misa “por que no iba con el cura”, le conté que aquel sacerdote hacia ya años que no estaba más en la parroquia. ¿Ahora que ya no más tenía esa excusa, vino una sola vez? No.

Y para finalizar, la guinda. La ultima etapa de la cobertura del proceso que los cardenales emplean para elegir al nuevo Papa, lo que es verdaderamente hilarante. Esta es la fase en que esos singulares “especialistas” harán una insólita nueva mezcla: mezclarán agua y aceite.

Es cuando adoptarán la interpretación de la mecánica política del mundo laico para aplicarla a su “saco de mezcolanza eclesial”.

Se encontrarán “candidatos” adonde por las reglas nadie puede proponerse a sí mismo a la Cátedra de San Pedro.

Hablarán en los medios sobre las campañas (¡!) de cada candidato (sic).

Se discutirán las posturas del “partido” de un candidato y del de los otros.

Se llegará hasta anticipar y a discutir los cambios que se llevarán a cabo, conforme el candidato que gane (¡no olvidemos que nadie puede enterarse de absolutamente nada mientras los Cardenales estén encerrados en el Cónclave!).

Se discutirán  y pronosticarán las posibilidades que cada candidato tiene de hacerse con el cargo debido a la campaña que ha hecho, cuando en la realidad no debe existir un sólo cardenal en toda la Tierra que ambicione esa posición (y ya veremos porqué más adelante).

Durante la espera de los resultados tratarán de ocupar el tiempo rebuscando todo lo más que puedan para ver si se consiguen encontrar alguna podredura para echársela encima a los posibles rivales de su candidato imaginario. No deja de ser un tanto irracional, primero por que la audiencia a quienes pueden realmente alcanzar con sus medios no es la misma que elegirá al Papa; luego, quienes sí lo harán no pueden ser influenciados por la prensa, radio o tele porque están incomunicados en el Conclave; y finalmente, dado al medio por el cual un Papa es elegido [* 1] cualquiera que sea el resultado no lo podrán afectar. Dada la irracionalidad de esa actividad difamatoria, la única posibilidad que veo es que lo hacen por si llegara a ganar alguno que no sea de la preferencia de su línea editorial. En ese caso, ir doctrinando al público para el ataque al nuevo Papa ya haya empezado antes mismo de este haber sido elegido; sea él quien sea. Es lo que hemos venido viendo desde Juan XXIII. (Ahora que todo el mundo ya ha tenido el tiempo y oportunidades suficientes de conocer quien realmente es S.S. Benedicto XVI: ¿se acuerda el amigo lector de la campaña del “Rottweiler de la Iglesia”, del “Papa Nazi”, del Paparazzi” etc.?)

Cada vez que el humo que salga por la chimenea no sea el blanco sentenciarán porque eso está pasando y quienes son los posibles culpables –pese a que sigan incomunicados en el cónclave- y sus razones o adonde su partido ha fallado en la campaña

Y finalmente, aquí viene lo más inaudito: Esos “especialistas” mediáticos en su manera (hollywoodiana) de ver las cosas y de comparar todo ese proceso con las elecciones de sus políticos, al final interpretan que quien “ganó” las elecciones papales ha sido el que terminó elegido.

Aquí se termina la parte “divertida”.

Cierta gente parece no darse cuenta de que lo que todo cardenal ambiciona a su edad es tener por fin el merecido derecho de descansar después de una vida de servicio, con una jubilación tranquila [* 2]. Esos especialistas ignoran que el cardenalato es lo máximo que un obispo suele estar dispuesto a llegar.

La última cosa con la cual un cardenal sueña es tener que entrar por una puerta por la cual solo volverá a pasar en posición horizontal y con los pies juntos. Ellos no se figuran que cuando se entra por la puerta pontifical la primera cosa de que se le desproveerá al nuevo Pedro será su derecho a la intimidad hasta el último segundo de su vida. Desde su dieta hasta para ducharse y vestirse.

Que también será desproveído de todo el tiempo de vida que le restaba para disfrutar, el cual a partir de entonces será destinado al 100% a un reparto entre protocolo, audiencias, representaciones y la agenda de eventos [* 3].

Todo eso tiene que ser cumplido bajo un ritmo continuado, con pocas horas de sueño además de una rigurosa puntualidad de horarios y siendo literalmente arrastrado de un lado para otro con tiempos cronometrados.

Y lo que quizá sea lo más estresante y peor de todo: que todo eso deba ser cumplido sin la posibilidad de fallos mientras que hasta el día de su muerte, su tarea principal será la de resolver el incesante flujo de sucesivos problemas ajenos en un mundo que no quiere entenderse.
 
 
 
 
¿Y ahora, que es lo que un Papa hace de malo -y a quien- para justificar
los  innumerables  ataques que diariamente recibe de todas partes?

¿Que daño le hace el Papa a la prensa, para que ciertos medios vivan apuntando su artillería mediática contra él? ¿Te acuerdas de alguna vez verle al Papa persiguiendo, denegriendo, despreciando, embistiendo, molestando o  insultando a algún vehiculo mediático?

¿O, que daño le hace a las demás religiones, para que en varias de ellas sus líderes le instilen un furibundo odio en sus miembros contra él? ¿Le has visto alguna vez hablar de uno solo de los dirigentes de otras religiones, denominaciones o de las sectas?

¿O, que daño le hace a la clase política, para que tantos políticos le ataquen porque él tenga el deber de reafirmar las posturas de la Iglesia? ¿Si no es así, por qué sus ataques? ¿Cómo se justifican?

¿O, que daño le hace a las fraternidades, a sociedades filosóficas y gremios similares?

¿O, que daño le hace a las clases sindicales, para que los dirigentes de algunos sindicatos inciten a la gente contra la Iglesia?

¿O, que daño les hace a las feministas y a los activistas del condón?

¿O, que daño les hace a los ateos y agnósticos?

¿O, que daño les hace a los traficantes, asesinos y otros tipos de criminales?

¿O, que daño le hace a los colectivos de orientaciones sexuales heterodoxas, para que le injurien y ofendan, notadamente en la vía pública, en sus manifestaciones y desfiles? ¿Les persigue, ofende, ataca, humilla, molesta o  insulta?

¿O, que daño le hace al cine de Hollywood o de otros lugares, sus productores, directores o artistas? ¿Le has visto alguna vez siquiera mencionar el cine o a algún artista?

¿Que daño le hace el Papa a la BBC de Londres para que esta hostilmente oriente sus medios en contra de él, llegando al colmo de transmitir una serie televisiva especial  (Popeland) cuyo único tema es exclusivamente la ridicularización del Pontífice y del clero? ¿Te acuerdas de ya haber visto al Papa meterse con la BBC, o, simplemente haberle oído una sola vez mencionar o referirse a la BBC?

¿O, le has visto alguna vez al Papa amenazar, sancionar, criticar, doblegar, obligar etc. a los paganos bautizados [* 4]?

Y como esas, tantas otras cosas que van por el mismo camino.

Se puede entender perfectamente que cada uno de esos grupos se pueda sentir de alguna manera en desacuerdo con la moral y las distintas doctrinas de nuestra Iglesia, que es la Iglesia del mismo Cristo. Hasta ahí, bien, nadie esperaría que todos fuesen tener la misma manera de ver y entender las cosas. Es un derecho que nadie les niega o pone en duda.

Lo que deja de ser un derecho son el ataque, la persecución, la discriminación,  la injuria, la blasfemia, actos de herejía y profanaciones, los intentos de ridicularización, el acoso, la venganza y las ofensas por el hecho de que la Iglesia no se someta a los caprichos de cada una de esas partes. Como si la Iglesia no tuviese también el derecho de tener una postura propia.
 
 
 
 
Hay dos razones objetivas y una subjetiva
que son la causa de esos acontecimientos.
 

La primera es la más obvia: el Papa es la cabeza visible de la Iglesia en la Tierra y eso automáticamente le convierte en el blanco más fácil para llevarse todos los palos. Quien lo hace, lo lleva a cabo con la ventaja de saber que eso siempre le saldrá gratis. El cobarde ve ahí la oportunidad de hacerse pasar por valiente, porque es sabedor de que si llegara a haber alguna reacción del Santo Padre ésta seria siempre civilizada, de amor y perdón.

La segunda –y la principal- es que el Papa es la consciencia del mundo. Y además, que esa consciencia es completamente independiente y libre. Lo que dice el Papa en voz alta muchas  veces desnuda lo que tantos se esfuerzan por disimular u ocultar.

El Papa tiene que representar a la Iglesia y no tiene más propósito para cumplir que los mandatos de Dios y salvar cuantas almas le sea posible. No busca recompensas ni meterse con nadie. Cuando condena algo será siempre algún error en sí y nunca directamente al que lo practica.

La Iglesia no mantiene ningún programa especialmente dirigido a desenmascarar tramas o manipulaciones políticas, ideológicas o criminales. El hecho es que la verdad dificulta o frustra a esos tipos de actividades. O sea, molesta a demasiados intereses.

En casi la totalidad de los casos, los intereses particulares de esos grupos constituyen la fuente de los ataques dirigidos a la Iglesia y que los recibe el Pontífice.
 
 
 
 
 
¿Podría haber “alguien” más por detrás de esos ataques?
 
 

Puedes estar seguro de que sí, que además de las dos razones objetivas para esos ataques también hay una tercera que es la subjetiva. Y es que hay un otro actor en este escenario, el cual es el peor acometedor de todos ellos.

Antes de seguir leyendo échale otro vistazo a esa pequeña lista de atacantes y a ver si identificas que es lo que hay en común en las motivaciones de todos esos ataques.

La tercera causa, la subjetiva, es la que verdaderamente explica toda la irracionalidad por detrás de las dos primeras.

La Iglesia no tiene ninguna otra opción que no sea la de hacer la voluntad de Dios, por intermedio de la aplicación de las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio. Nada de eso puede ser acusado de contener algo malo o de causarle el mal a nadie. Lo contrario es el pecado, que debe combatir mientras que salvar al pecador. Y es ahí que se centra el origen de todo el problema.

Si has revisado la lista de algunos de los atacantes del Papa habrás reconocido que en las reivindicaciones de esos grupos siempre está presente –de una forma o otra- la defensa del pecado. Eso es el denominador común.

Están aquellos que abiertamente defienden al aborto, divorcio, eutanasia, desvíos sexuales y otras tantas cosas. Algunos, no lo harán tan abiertamente, pero ostentarán posturas que ya son pecado de por sí, tal como la envidia o la soberbia. Otros encontrarán su forma de justificarse frente a los demás escudándose en la mentira. 

 “Amor libre”, actividad sexual impropia, pornografía y prostitución son pecado. Constituyen el tercer pecado capital y están en contra del Sexto Mandamiento de la Ley.

Las profanaciones de lo sagrado, obras pornográficas con las figuras de Jesús, María y Santos además de ser un ataque gratuito e injustificado a nuestra fe pecan contra el Primer, Segundo, Sexto y Octavo Mandamientos a la vez.

Aborto, eutanasia, pena de muerte y la explotación humana son pecado contra el Quinto Mandamiento.

Pereza, sea para participar de la Misa o lo que sea da igual, es pereza, el séptimo pecado capital.

Engañar, incitar o manipular a las masas son pecados capitales pudiendo ser el primero, segundo, cuarto o el sexto; dependiendo del fin son contra el Quinto o el Octavo Mandamiento.

El Matrimonio en la Iglesia es un Sacramento.  Un Sacramento es un don del Espíritu Santo y esa es la única razón por la cual  ni siquiera el Papa tiene el poder de anularlo.

Podría extenderme aquí indefinidamente porque la lista da para mucho más material, pero ese nos es el caso. Lo único pretendido con esta ejemplificación era llegar a este punto conclusivo:

Lo que estos atacantes al Papa (a la Iglesia, en verdad) quieren es una de las dos cosas:

Callarle para que a sus victimas no les llegue la verdad, por que eso perturba sus fines;

Que anule sacramentos y que aprueben esas prácticas como si no fueran pecado; que las aprobara como una cosa normal y buena. Entretanto, a nadie se les impide de cometerlas, pero quieren poder cometerlas “transfiriéndole la responsabilidad” al Papa para no sentirse culpables. ¿Pero, en que cabeza cabe que el Papa tendría autoridad (o la desvergüenza) para cometer semejante cosa?

Lo que hemos visto hasta aquí ha desvelado una permanente defensa al pecado, que es lo que realmente se esconde por detrás de esos ataques.

Es evidente que por más que nos esforcemos no encontraremos en esas embestidas una contrapartida, digamos, positiva.

No hay nada en defensa de algunos de los Diez Mandamientos, de las Bienaventuranzas, de los Dones del Espíritu Santo, de los Frutos del Espíritu Santo, de la Virtudes Teologales o Cardinales, las Obras de Misericordia Espirituales y Corporales y de tantas otras cosas buenas que la Iglesia difunde.

No puede ser coincidencia, todo de malo y nada de bueno.

El instigador que siempre se encuentra por detrás de la traición, avaricia, envidia, odio, concupiscencia, mentira y otros males es el Maligno.
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
Un pequeño ejemplo ilustrado:
 
 
 

El quinto mandamiento de la Ley de Dios ordena expresamente NO MATARÁS y la Iglesia tiene una postura oficial coherente con su doctrina. La Iglesia entiende que la vida humana empieza en el momento de su concepción y termina con la muerte natural. No acepta que dentro de ese periodo hayan momentos en que ese ser vivo sea un ser humano y que en otros deje de serlo. Por eso es contra el aborto y la eutanasia. No se trata de un capricho o terquedad; hay una ética moral que sustenta su postura.

De otra parte -desde el punto de vista científico- el feto reside en el vientre de la madre pero no es una parte, órgano o apéndice del cuerpo de esta. Se trata de dos seres totalmente distintos; un cuerpo abrigado y nutrido temporalmente dentro de otro.

Hay quienes consiguen encontrar otras maneras de entender a esta misma realidad. Pero entre esos hay todavía aquellos que en su prepotencia entienden que la Iglesia está obligada a  cambiar su postura para rendirse a la suya. Y si no lo hace habrá pataletas. Con aprobación o no de la Iglesia lo hacen y van a continuar a hacerlo igual, pero quieren obligar a la Iglesia a cambiar su postura y aprobarles. Es como si quisieran que “algún otro” asumiese la responsabilidad de lo que hacen para no sentirse culpables y estar en pecado, en este caso, que la asuma el Papa.

Eso es una prepotencia. Para ellos, la recusa a darles razón es lo suficiente para “justificar” críticas como la de esta viñeta plagada de distorsiones de los hechos, difundida como un instrumento de desacreditacion del “enemigo”
 
 

 Veamos: Los derechos de la mujer (así como los del hombre) sobre su cuerpo jamás han sido cuestionados o dejado de ser reconocidos por la Iglesia. El mensaje subjetivo del “chiste” (¿?) es que la Iglesia es retrógrada porque no quiere aprobarle el aborto a los colectivos feministas, abortistas etc.

Cuanto a las referencias sobre la Tierra, infierno y limbo, también, todo está distorsionado.

Que la Tierra era redonda el mundo y la Iglesia ya lo sabían desde la Grecia clásica, cuando Eratostenes incluso llegó a medir su perímetro (con increíble exactitud, dígase de paso).  Copérnico, un religioso, formuló científicamente el sistema heliocéntrico (De la revolución de las esferas celestes). Nicolás Copérnico murió antes que Galileo viniera al mundo.

Nadie abolió al infierno, cuya existencia está más que mencionada en las Escrituras. Lo que S.S. Juan Pablo II dijo fue cosa muy distinta; y cuanto al limbo, jamás ha sido un dogma. Cada una y todas las cosas presentes en la viñeta son maliciosamente distorsionadas, incluido el semblante sinistro que la caricatura le atribuyó al Sumo Pontífice. Basta leer sus encíclicas y acompañar todos sus actos para constatar exactamente lo opuesto.

Es impresionante que una mera viñeta pueda ser portadora de tanta mentira y maldad.

 

 
 
Por nuestro propio bien y el de toda la Humanidad, está en nosotros ayudarle.
 
 

Tristemente, esa es la realidad con la cual cada Sucesor de Pedro tiene que enfrentarse TODOS los días, desde que se levanta hasta la hora de acostarse. Seguramente no es una vida envidiable, como a algunos periodistas les quiere parecer.

Nadie más en la Tierra es condenado a sufrir semejante carga de ataques hasta el fin de su vida. Tremenda es la cantidad, variedad e intensidad de los ataques.

Solamente con ayuda del Cielo puede el Pontífice resistir y luchar. Por eso es que el Papa necesita siempre de mucha oración y suele pedirse que se rece siempre por él.

En el caso de S.S. Juan Pablo II, después de haberle hecho pasar por todo eso, solo se dieron cuenta de lo bueno que era… después de muerto. ¡Que injusticia!
 
 
 
 
 
La oración de S.S. León XIII a San Miguel Arcángel
 
 

Estos insidiosos ataques a la Iglesia y a su cabeza representativa en la Tierra, el sucesor de Pedro, no es cosa de ahora. Eso se viene arrastrando por los siglos.

A finales del siglo XIX el Papa León XIII ha tenido que ocuparse detenidamente del problema y nos dejó una Carta Apostólica [* 5] con una oración a San Miguel Arcángel, con el fin de hacerle frente a los persistentes ataques del maligno, siempre rondando en los tiempos difíciles y nunca desperdiciando cualquier oportunidad para torpedear la acción de la Iglesia en todos sus frentes.

Debemos pedirle a San Miguel Arcángel en nuestros momentos de oración diaria que interceda por la protección del Santo Padre así como también rogarle a la Santa Virgen por su fortaleza en la fe y para que reciba abundantes bendiciones.

Hay dos formas abreviadas de esa oración, una es

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate contra las maldades e insidias del demonio. Se nuestra ayuda, te rogamos suplicantes. ¡Que el Señor nos lo conceda! Y tú, príncipe de las milicias celestiales, con el poder que te viene de Dios arroja en el infierno a Satanás y a los otros espíritus malignos que ambulan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

pero la versión más comúnmente utilizada es la siguiente:

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra las perversidades y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tu príncipe de la milicia celestial arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.”

Cada católico debería invitar al mayor número posible de personas para juntarse a nosotros, y a hacer lo mismo.

Es lo mínimo que nosotros podemos hacer por cada uno que al llegar a la Silla de Pedro renuncia a tener vida propia para dedicarla plenamente y hasta el fin de sus días para nuestro bien y el de la Santa Iglesia. A sabiendas de que desde el momento que se siente en esa silla por primera vez se tornará el hombre más atacado del planeta.

Te ruego que lo consideres seriamente.

Que Dios te Bendiga+++

R. “Deoduce”
 
 
 
 

NOTAS:

[* 1] Para nosotros católicos, por acción del Espíritu Santo,

[* 2] Mientras Cardenal, por dos veces Joseph Ratzinger le había pedido a S.S. Juan Pablo II que le jubilara y este se lo denegó, justificando que todavía le necesitaba mucho. Cuando se lo iba pidiendo por la tercera vez, el Papa falleció y el Cardinal terminó sin su planeada jubilación (por ese entonces ya se había preparado un pequeño piso, con su piano, gato y libros).

[* 3] Cuando falleció S.S. Juan Pablo II y la gente todavía estaba consternada con la noticia leí en un blog un comentario cínico de una muchacha de “como al hombre le gustaba viajar…”.

Pues no puedo imaginar lo cuanto apreciaría a esa chica viajar con la edad de él, con un tiro en el pulmón, problemas de corazón, parkinson,  artritis entre otros problemas de salud.

[* 4] Llamo “paganos bautizados” –sin la intención de ofender- a todos aquellos que se dicen católicos por haber recibido el sacramento del bautismo pero que pasan alegremente de

[* 5] Íntegra de la oración a San Miguel del Papa León XIII, del Acta Apostolicae Sedis de 1890:

¡Oh glorioso príncipe de las milicias celestes, san Miguel arcángel, defiéndenos en el combate y en la terrible lucha que debemos sostener contra los principados y las potencias, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos! Ven en auxilio de los hombres que Dios ha creado inmortales, que formó a su imagen y semejanza y que rescató a gran precio de la tiranía del demonio. Combate en este día, con el ejército de los santos ángeles, los combates del Señor como en otro tiempo combatiste contra Lucifer, el jefe de los orgullosos, y contra los ángeles apóstatas que fueron impotentes de resistirte y para quien no hubo nunca jamás lugar en el cielo. Si ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama demonio y Satán, él que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al fondo del abismo.

Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto, este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno de su malicia infernal, es decir el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones. Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño.

Te suplicamos, pues, Oh príncipe invencible, contra los ataques de esos espíritus réprobos, auxilia al pueblo de Dios y dale la victoria. Este pueblo te venera como su protector y su patrono, y la Iglesia se gloría  de tenerte como defensor contra los malignos poderes del infierno. A ti te confió Dios el cuidado de conducir a las almas a la beatitud celeste. ¡Ah! Ruega pues al Dios de la paz que ponga bajo nuestros pies a Satanás vencido y de tal manera abatido que no pueda nunca más mantener a los hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia. Presenta nuestras oraciones ante la mirada del Todopoderoso, para que las misericordias del Señor nos alcancen cuanto antes. Somete al dragón, la antigua serpiente que es diablo y Satán, encadénalo y precipítalo en el abismo, para que no pueda seducir a los pueblos. Amén

He aquí la Cruz del Señor, huyan potencias enemigas.
 Venció el León de Judá, el retoño de David
-Que tus misericordias, Oh Señor se realicen sobre nosotros.
Como hemos esperado de ti.
-Señor, escucha mi oración
Y que mis gritos se eleven hasta ti.

-  Oh Dios Padre Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre, e imploramos insistentemente tu clemencia para que por la intercesión de María inmaculada siempre Virgen, nuestra Madre, y del glorioso san Miguel arcángel, te dignes auxiliarnos contra Satán y todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas. Amén

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