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Para que podamos llegar a un buen entendimiento…
... en el Amor y la Paz de Cristo.
 
 

  Antes que empiecen a llamarme de “fundamentalista”, “talibán de la Iglesia” o de “el policía religioso” tengo que aclarar una cosa: soy Formador en la Fe e imparto clases para adultos y jóvenes.

El Catecismo de la Iglesia Católica en el punto 427 dice: “(…) Todo catequista debería poder aplicarse a sí mismo la misteriosa palabra de Jesús: ‘Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado.’ (Jn 7,16) (ibíd. ,6)”.

Pues ¿adonde se espera entonces que vaya yo a recoger esa (y solo a esa) doctrina para transmitírsela a los demás? Solo hay una fuente que yo sepa, y es el trípode en el cual se fundamenta la mismísima Iglesia: las Escrituras, la Tradición y el Magisterio. Cualquier otra cosa diferente será una invención del catequista y un germen en potencial para la creación de nuevas sectas.

Me dejo orientar por esas tres fuentes por una cuestión de coherencia; pues eso es justamente en lo que yo creo. Si no fuese así no hubiera percibido ni atendido al llamado. Tal como se pasa con el matrimonio o con el sacerdocio, la catequesis si no es atendida por vocación no funciona. Hay que tener –entre otras cosas- una fe inquebrantable, mucha paciencia, desprendimiento, interés y dedicación al estudio permanente, oración constante, y un verdadero amor al prójimo. La única retribución esperada es la alegría de haberse contribuido de alguna forma para la salvación de los demás.

Algunos ya me han dicho: “pero es que tu eres muy duro…”. Yo no entiendo eso de ser muy duro. ¡Lo que yo no soy es relativista! Estas personas (por lo general nunca vienen a las clases) pertenecen al grupo que S.S. Juan Pablo II llamaba los “católicos-de-autoservicio” (cafeteria catholics).

Son los que suelen elegir qué “trozos” quieren del catolicismo: “esto me gusta, lo tomo; con esto no estoy conforme, lo dejo…” Algunos llegan hasta la impertinencia de esperar que la Iglesia cambie la doctrina (y a veces ¡hasta los sacramentos!) como exigencia para concederle “el honor de su presencia”. Esperan que las cosas de Dios les sean sometidas en vez de someterse ellos a las cosas de Dios; es el mundo al revés.

Algunos de estos me han causado espanto con sus puntos de vista: “¿Porque es esto pecado? Yo no estoy de acuerdo…”; “No me parece justo que esto sea pecado…”. Solo en hacerse estas declaraciones ya se está cayendo en el primer pecado capital, la soberbia. ¿No estarán revelando con eso que, si de ellos dependiese, cambiarían al Decálogo y al Nuevo Testamento?

Me pregunto si alguno de estos nuestros hermanitos acostumbra elegir cuales son las leyes civiles, remedios para sus tratamientos médicos, o las disciplinas de su instrucción académica, que deben estar previamente “ajustadas a sus preferencias” para entonces cumplirlas o no.

Seria gracioso si no fuese por tratarse de algo tan grave. Parece que a estos nuestros ingenuos hermanos les ataca la pereza mental; dan la impresión de que no piensan. Y es que en el día en que la Iglesia de Cristo cometiese el sacrilegio de adulterar a un solo Sacramento o lo que las Escrituras establecen, se derrumbaría ella misma.

Nadie discute que la Iglesia tenga que adaptarse a los tiempos y renovarse continuadamente, pero eso solo se puede dar a un nivel de lo humano, funcional, reglamentar, estructural, formal, visual etc.

Cuanto a la Doctrina hay que entender que la Verdad solo puede ser única; absoluta. No se puede pretender cambiarla para “ajustarla” a los tiempos simplemente porque una verdad cambiada pasa a ser relativa, o sea, deja de ser la verdad.

Soy seguidor de mi Señor, el Resucitado, en la forma que todo aquello que Él determinó y que nos lo transmitieron los Apóstoles y sus sucesores a través de su Iglesia. No pierdo tiempo cuestionando los Dogmas de mi fe ni las devociones u otros medios que la Cátedra de Pedro me facilita como instrumentos de auxilio en mi travesía del camino estrecho.

Más de dos milenios de conocimiento y experiencia acumulados, provenientes de mi Señor, los Apóstoles, la Tradición, los Padres de la Iglesia, los Doctores de la Iglesia, los Concilios, toda una legión de Santos y la Cátedra de Pedro bajo la orientación del Espíritu Santo son mi “vacuna” contra las semillas de la confusión y la discordia que el maligno vive sembrando en nuestra vida cotidiana.

La Doctrina Social de la Iglesia ya cubre todos los aspectos que algunos “teólogos innovadores” quieren introducir a su manera en la realidad católica.  S.S. Benedicto XVI ya lo ha dejado bien claro: la Iglesia no es una ONG. No practica la simple filantropía, lo que practica es la Caridad, que es cosa bien diferente. El bien que hace es fruto del Amor de Cristo, consecuencia de nuestra fe y amor por Él.

Cuanto a si lo de ser “muy” duro es ser comprometido y no relativista, lo acepto de buen grado. Confieso que hasta me complace.

Este es mi punto de vista. Tenía que advertírselo para hacerle posible anticipar qué tipo de material encontrará en esta web. No encontrará aquí el “evangelio” personal de Leonardo Boff, ni Jon Sobrino, Roger Haight o Hans Küng (*), ni las persuasivas trampas gnósticas de los cuentos “dulzones” y pegajosos del lego Paulo Coelho, uno de los más influyentes y nefastos gurús de la Nueva Era en la actualidad.

No persigo ni obligo a nadie a pensar como yo. Mi postura es muy práctica: vivo con mucha más alegría tratando de hacer lo mejor que pueda la voluntad de Dios en vez de dilapidar mi tiempo “peleándome” con Él. Él siempre tiene razón y siempre me gana.

Acepto y agradezco todas las críticas que me sean dirigidas por aquellos que tengan una opinión diferente, pero principalmente aquellas que vengan acompañadas de soluciones o correcciones justificadas.

En los Corazones de Jesús y María, Ad Majorem Dei Gloriam,
R. P. 'Deoduce'

 
(*) Roger Haight, el teólogo jesuita que miserablemente propone introducir técnicas de marketing en la Iglesia, como por ejemplo, que hay que esconder o negar la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo "para atraer más fácilmente" a las personas (SIC), (cf. Mc 8, 33). Hans Küng y la Teologia Histórico-Crítica (THC), además, niegan hasta que  las Escrituras sean inspiradas. Como si fuese El Resucitado quien necesitara que la gente acudiera para salvarle a Él.

Eso es lo que este personaje anda enseñando por universidades y seminarios de los EE.UU. Si desea informarse más sobre él, sus peripecias y el trabajo que le está dando a la Iglesia, aquí encontrará un buen artículo.

 
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