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¿Para que pide el Papa que se rece por él?
 
 
 
 

 Es casi rutinario verle al Santo Padre rogar por la intercesión de la Virgen y los Santos a favor de alguien o de alguna causa e invitarnos a unirnos a sus oraciones.

Pero de esta vez nos pide que recemos por él. En el Angelus del 18 de marzo Benedicto XVI nos pidió que nos uniéramos a él en sus oraciones para que pueda cumplir con el alto cometido que le ha confiado la Providencia. Así como también, para que se den conversiones en este tiempo de Cuaresma.

¿Pide algo para “él”, en su propio beneficio? ¿Pide para no tener problemas, proteger su integridad, o para que le dejen vivir en paz?

No. No es eso.

Pide oraciones para que se le ayude a cumplir con sus responsabilidades, las cuales sabemos que no son pocas. Sus responsabilidades cotidianas se resumen a enfrentar nuestros problemas.

Cuando en cada mes se pide orar por las Intenciones de Papa, tampoco esas oraciones son en intención de su beneficio, sino al de alguna parte de la humanidad en crisis, o sea, para nuestro bien o el de la Iglesia, lo que es lo mismo.

¿Porque entonces de esta vez el Papa pide ayuda explícitamente para sí?






Benedicto XVI en el Angelus del 18 de Marzo de 2009




Es mi opinión personal que el Santo Padre viene enfrentándose a inmensas presiones. Desde afuera y,  en algunos casos, hasta desde dentro de la misma Iglesia. Quienes acompañan las noticias saben de qué hablo.

Los habituales ataques a la Iglesia y al Papa no son secreto ni novedad para nadie. Por siglos hacen parte de la misma historia de la Iglesia. El maligno no desiste ni descansa en su intento de sabotear la venida del Reino.

Los ataques de detractores laicos son comprensibles, porque no todos estamos dispuestos a abrir mano del pecado, de las “delicias” del mundo. Ni todos encontramos gozo en la fe o tenemos las ansias de santidad.

Lo que no es admisible es que personas de una forma o otra vinculadas al catolicismo no escatimen esfuerzos en sabotearla y destruirlo, y entre estos renegados encontramos tanto laicos como a religiosos. ¿Si están en desacuerdo, no debería ser la apostasía su camino natural? ¿Si no creen en la salvación, por qué no se van y nos dejan en paz de una vez?

Los Papas S.S. Juan Pablo II y Benedicto XVI han advertido hasta la extenuación sobre el avance y peligro del relativismo. No soy el único testigo de sacerdotes relativizando a la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, al pecado, la eutanasia, la salvación fuera de la Iglesia, la liturgia, dogmas y otros puntos no menos centrales de nuestra fe.

El problema mayor no es que de tiempos en tiempos surjan rebeldes como Leonardo Boff, Jon Sobrino, Roger Haight, Hans Küng o la THC (Teología Histórico-Critica), quienes en estos últimos tiempos ya nos han conducido a un Jesús meramente humano y despojado de su divinidad (lo que implica en hacerle hijo de un varón con María; criado y no engendrado; criatura y no la segunda Persona de la Trinidad) y al punto en que las Escrituras tampoco son hagiografías inspiradas, sino la obra de hombres. ¿Que hace esta gente en la Iglesia?

El problema no es que de tiempos en tiempos aparezcan estos iluminados. El problema real está cuando estos alumbrados encuentran seguidores.  Tal como ocurre con los grandes locos de la historia o con los lideres terroristas. Y en ambos casos son el fruto de la acción del maligno.

Recemos a la Santa Virgen María y a San Miguel Arcángel por la protección de S.S. Benedicto XVI en esa lucha desigual y por sus ruegos personales, que desconocemos pero que estamos seguros que son para el bien de la Iglesia y nuestro.

No nos podemos omitir. No podemos dejarle solo en esa lucha. No le decepcionemos.

Ad Majorem Dei Gloriam,

 

R. “Deoduce”


 
 
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